Manuel González Prada (5 de enero de 1844 – 22 de julio de 1918) fue un destacado escritor, ensayista y pensador peruano que marcó una época con su incisiva crítica social y política. Fue una figura clave del modernismo, indigenismo, anarquismo y positivismo en el Perú.

Nació en Lima, bajo el seno de una familia aristocrática, conservadora y católica. En 1855, debido a razones políticas, su familia se exilió en Chile, donde se presume que tuvo un primer contacto con el romanticismo y el positivismo. A los trece años, regresó a Lima y fue matriculado en el Seminario de Santo Toribio, del cual huyó en 1860 para inscribirse a los estudios de Derecho en el Convictorio de San Carlos. Sin embargo, su espíritu indómito lo llevó a abandonar la carrera en 1864 y a emprender un viaje a las provincias andinas, en busca de inspiración para su escritura, bajo un pensamiento crítico y reformista.

En esta etapa de retiro voluntario, se estableció en la hacienda de Tútume, en Mala, provincia de Cañete, donde conoció a Verónica Calvet y Bolívar. De esta relación amorosa nació una hija no reconocida en 1877. Durante estos años, el periodismo literario y político tuvo un auge significativo, con publicaciones que promovieron el cultivo de las letras y bellas artes. El Correo del Perú (1871-1878) fue un claro ejemplo de ello, con colaboraciones de Carlos Salaverry, Pedro de Paz Soldán y Mercedes Cabello de Carbonera. González Prada también destacó en esta publicación con su producción poética.

El estallido de la guerra con Chile en 1879 despertó un profundo sentido patriótico en González Prada, quien se enroló en el ejército peruano. Tras la ocupación de Lima en 1881, la humillación y la frustración por la derrota lo llevó a un replanteamiento ideológico que desembocó en un crítico y mordaz análisis de la escena política nacional. Al término del conflicto en 1884, su postura evolucionó hacia un nacionalismo combativo y un discurso político transformador.

En 1887, se casó con Adriana Adelaida Chalumeau Verneuil, un matrimonio que su familia consideró como inapropiado. Su vida personal estuvo marcada por la tragedia y la desesperanza, pues la pareja perdió a sus dos primeros hijos, Cristina (1888) y Manuel (1889), lo que acentuó su crisis existencial.

Desde 1886, González Prada participó activamente en el Círculo Literario, un espacio de librepensadores críticos de la realidad política peruana. Posteriormente, continuó su labor en el Ateneo de Lima, sucesor del Círculo, donde reforzó su compromiso con la renovación del país y el apoyo a las nuevas generaciones. Junto con intelectuales como Ricardo Palma, Clorinda Matto de Turner y Teresa González de Fanning, colaboró en su vocero El Ateneo de Lima (1886-1889 y 1899-1908), una de las publicaciones académicas más importante tras la guerra del Pacífico.

Su compromiso político y social se reflejó en discursos memorables, como el ofrecido en el Teatro del Politeama (1888), donde se proclamó su célebre frase: “¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra!”. En este discurso, denunció la corrupción y mediocridad de la clase dirigente, conformada por la iglesia, los militares y los políticos corruptos; por lo que, impulsó a la población a salir de la ignorancia y la cobardía, en aras de refundar una nueva nación y obtener el progreso del país.

En 1891, fundó el partido radical Unión Nacional, asumiendo la presidencia. Empero, desistió ya sea por el bienestar de su esposa o por su propio retraimiento de la esfera pública y política, trasladándose con su familia a Europa. Durante su estancia, entró en contacto con el pensamiento anarquista y nuevas corrientes ideológicas. También publicó Pajinas libres (1894), crítica a la política y la sociedad peruana, y nació su hijo Alfredo (1898) en París.

En 1898, regresó a Lima y renunció a su partido político. Se dedicó a la publicación en periódicos anarquistas, denunciando la explotación obrera y campesina. Su defensa del anarquismo y la protesta social se reflejó en la revistas El Radical (1899) y Germinal (1899-1901, 1906), y en la edición de Horas de lucha (1908).

En 1912, fue nombrado director de la Biblioteca Nacional, pero fue cesado en 1914 durante la dictadura de Oscar Benavides. Recuperó el cargo en 1916 y continuó en su labor hasta la fecha de su fallecimiento en 1918. Su esposa, Adriana Chalumeau, preservó su legado con la publicación de Mi Manuel (1947).

Manuel González Prada fue un intelectual rebelde, crítico implacable y visionario, cuya obra sigue vigente entre las nuevas generaciones que buscan el cambio de la realidad social. Su obra destaca por la renovación de la conciencia crítica del Perú y el aporte a la renovación poética, de estilo modernista y experimental. Su literatura cuestionó la herencia colonial y abogó por la formación de la identidad nacional, basada en la justicia social y la reivindicación de los indígenas, los obreros y las mujeres. Dada su trascendencia, en 2022, el Ministerio de Cultura declaró seis de sus obras como Patrimonio Cultural de la Nación, las cuales son: Discurso en el Politeama (1888), Pájinas libres (1894), Horas de lucha (1908), Minúsculas (1901), Presbiterianas (1909) y Exóticas (1911).

Existencias digitalizadas:

Referencias bibliográficas:

Bretoche, L. A. (2008). La concepción del hombre en el pensamiento de Manuel González Prada [Tesis de licenciatura en Filosofía]. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Biblioteca Nacional del Perú (3 de marzo de 2022). Seis obras de Manuel González Prada son declaradas Patrimonio Cultural de la Nación. Biblioteca Nacional del Perú.


Créditos: Biblioteca Nacional del Perú; The Internet Archive; Google; Biblioteca Nacional de España; Universidad de Alicante; PetroPerú.

Elaborador: Montes Cuchachi, Valquiria

Fecha de publicación: 05/MAR/2025

Última actualización: 05/MAR/2025